numero 2

OCHO COLUMNAS

La información no se detiene y los tiempos del periodismo impactan hasta la vida de un reportero con envidias y aspiraciones profesionales.
Por: EDUARDO PÉREZ ESPINOSA
El sedán verde se detuvo unos metros adelante después de que levanté el dedo pulgar. Treinta minutos antes había salido de la redacción del periódico y el frío me traspasaba hasta ponerme tiesa la espalda. Mis dos notas de hoy pararían en el interior de la sección de locales y eso me hacía pensar en lo peor: durante los meses recientes mi trabajo apenas había hallado espacio y ya se rumoraba mi despido.
Avancé con calma por la orilla de la avenida. El aire que corría despertó el temor de los días por venir, del hambre y ese sentido de ausencia que percibía a mi alrededor. Di dos pasos más y el dolor de la rodilla hizo más lento mi andar. Me detuve mientras veía las luces intermitentes del sedán, sentí envidia del conductor que no conocía y de Jorge, quien durante dos meses me había ganado los mejores espacios incluidas seis primeras planas. Miré hacia atrás y a los lados, me percaté aún más de la oscuridad y este maldito frío que calaba por los pantalones y la chamarra de piel desgastada.
Retomé el paso abajo de la avenida hasta encontrar una piedra que se acomodaba al tamaño de mi mano. Volví al asfalto. Me acerqué a la ventanilla y cuando el hombre sesentón iba a preguntar hacia dónde iba, la piedra lo silenció de golpe. Fue uno y otro.
Antes de la oscuridad, del ruido del motor y la camisa en escarlata del anciano, apareció el sudor que me hizo erizar la piel. Me limpié las manos y saqué mi libreta para empezar a escribir esperando la de ocho columnas para el día siguiente.
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Eduardo Pérez Espinosa

Nació en la Ciudad de México en 1970.
Ha tomado talleres de creación literaria con Guillermo Samperio, Rafael Ramírez Heredia, Edmée Pardo, Francisco Hinojosa, Óscar David López y Hermann Gil Robles.
Actualmente radica en Monterrey, Nuevo León.

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