HORAS

(fragmentos)

CasparDavidFriedrichDasEismeer[1]
Una voz cercana, cotidiana,
explora el naufragio de sí mismo, el hastío y su derrota.
Es el grito sarcástico de quien ha sufrido
y se lame las heridas, sabiendo que mañana
podrán reabrirse o curarse,
y que quizá no tenga sentido.

por: Alejandro Velázquez Betancourt

PRÓLOGO

Antes
de que digas a nadie que eras como náufrago,
que extraviaste el Norte en mitad de la noche
y la nada en que a veces navega la vida,
que hubo tormenta
y se hundió la nave,
antes de que, vaya,
te pongas marino y pésimo poeta
y digas a nadie que es como el faro cuya luz alumbra
el rumbo de la tierra hacia donde nadarás,
antes de que incendies
el oído de nadie con la llama de la palabra luz,
piensa que los faros, por algún motivo de piedra afilada,
fueron construidos para no acercarse.

Flota.
Tómate un respiro.
Mientras flotas,
piénsalo y recobra fuerzas.

Después,
si todavía quieres,
pésimo poeta de lengua salada,
dile que es el faro y vuelve a nadar.

Antes de todo esto,
si jamás has sido así como náufrago,
consíguete un barco
y consíguete un mar.



VII

Los cascabeles de la luna suenan retristes esta noche.
Me pregunto cuál de ellas, de la luna
eligió los cascabeles para sonar la tristeza.
¿Y qué hora es ahora?
¿La noche de qué día?
¿Y yo qué hago en la calle?
¿A qué hora vine al parque?
¿Y por qué, luna, pareces un pinche reloj?

¡La luna qué va a saber!

Es probable que yo siga mariguano
porque ya la palabra cascabel
suena de nuevo
        y desenreda
                una serpiente
que repta
                por el desierto
        de la luna
a esta hora
        en que la luna
                no alumbra
                        de tan roja
                              tic
                         tac

Y de tan roja, también,
parece el ojo de quien ha fumado mucho.



X

Hay quienes, a bordo de sus yates,
se hacen a la mar después del desayuno
a ver si pescan algo nada más por deporte.

Otros zarpan a diario antes del alba
con un café en el estómago
y las redes remendadas
con cáñamo de las tripas de los peces
pescados el día anterior.

Otros parten a la hora señalada
por el cuchillo
en la mano al timón de embarcaciones
que enjabonan su barbilla con espuma del océano
y rasuran
microscópicos pelos de algas crecidos al sopor del medio día.

Hay quienes por semanas suman meses
y hacen con semen memoria de la carne
y la arena donde tienen enterrado su tesoro más valioso.

Y hay otros,
ebrios,
medio muertos sólo de hambre,
a quienes la marea de media noche
regresa a diminutos camarotes
donde pescan atunes en aceite
con mordidos anzuelos de galletas habaneras.



XI

Bebo agua
porque la mariguana seca la boca;
pienso en ellas
porque la estupidez seca el cerebro;
bebo agua
porque la mariguana provoca sed;
pienso en ellas porque no quiero ni pensar
en todo lo que ha de morir de sequía o soledad;
bebo agua
porque me faltan saliva,
palabras
y ganas hasta de hablar
para decir que bebo agua
y al parecer me hace falta
no beber,
no pensar,
no hacerla de tos,
no fumar,
no decir que pienso en ellas
y bebo agua
mientras este insípido gusano de humo
que confundió mis pulmones con manzanas,
me pudre entero,
mi tiempo acaba
y bebo agua
con sed de más.



XXII

Las ciudades comienzan en cuartos como éste
mientras estamos solos y buscamos,
pateados por fantasmas,
los zapatos debajo de la cama
y una chamarra para salir al frío.

Afuera hay hombres y mujeres que regresan a casa convencidos
del dios que camina junto a ellos.
Afuera hay putas tántricas
a la búsqueda de orgasmos en los túneles del metro.
Afuera hay asesinos,
gente de buena y mala madre;
aquí dentro, también.

(Para ciudades como ésta, propongo morir sin gloria,
morir de asfixia,
morir de muchedumbre,
morir de altura,
morir de ahora)

Sólo quiero salir y caminar
hasta que se junten las ratas,
las flautas,
las barredoras huérfanas a las tres de la mañana.
Andar hasta dar con un sitio en la noche
para escribir un poema de amor
a una ciudad de tristeza y odio.
Sólo quiero salir a enamorarme
de paredes que envejecen
conformes con sus várices de cobre y plástico.



XXXII

¿Ya es hora otra vez del dolor habitual
para el que no sirve ningún analgésico?

¿Por qué no te disparas
una aspirina infalible e instantánea?

Mejor aún,
¿por qué no dejas que alguien te inyecte un elefante?



LII


En mitad de este silencio ataúd,
pensaba en personas que ya no están,
escuchaba sus voces dentro de mi cabeza.

Y pensé que cuando guardamos
el minuto de silencio,
los primeros instantes son para oír cómo suena
el mundo sin la voz de nuestro muerto,
y los restantes
para llenar las nubes de la memoria
de la voz que se evapora con su cuerpo.



(TRÍPTICO DE NOCHE SIN ELECTRICIDAD)



CANDELERO

Cuando uno enciende una vela,
ve la flama que se eleva,
ve la vela que desvela,
vela que vela qué;
qué ve la vela
que vela el desvelo de qué
velas encajadas en botellas.

Sus fuegos juntos develan
candelero de cristal
improvisado en la mesa.


LLORONA POSTMODERNA

Velaba en silencio a la luz de las velas
cuando vino de la calle
la pena, versión postmoderna,
de la antigua mujer desvelada:
“¡Ayyyyyyyyyyy hijoooos de su piiinche madreee!
¡Ayyyyyyyyyyy hijooos de la chingaaadaa!”

Reí tanto como el fuego de la velas.
Ahora de nuevo crepitan.
¿Recuerdan?


A DORMIR

Muéstrame vela con tu vela de fuego
hacia dónde sopla el viento.
Vela velera, mástil de cera,
llanto de coral,
lágrimas cadenas
encadenan anclas
clavadas en el fondo
del blanco coral de pena
que crece sobre una botella
de vino Gato Negro

¿Sobre una botella de vino Gato Negro?

Así no se puede seguir.

Leva anclas, velero, que voy a dormir.



LXII

Pienso en el mar,
tranquilo,
sin olas.

El mar está muy lejos.
Hacia allá nadan las nubes como oscuros tiburones.

La luna es anzuelo sin carnada.

Paciencia.
El pez del amanecer picará.

Foto de Alejandro

Alejandro Velázquez Betancourt

(Guadalajara, Jalisco, 1969) es autor de los poemarios Polvo insecticida y otros gises chinos, La vaca Cuatro Manchas y Esta sucia tristeza se ha vuelto tan pulcra y más. La discreta trayectoria de su obra incluye colaboraciones en revistas como Play boy o Matardragones, entre otras. Actualmente colabora en la revista Lux, del Sindicato Mexicano de Electricistas.

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