Publicidad
numero 2

El erotismo crepuscular de Henry Miller

continuación...

Sin el afán de descubrir grandes verdades, cabría preguntarse en qué momento el erotismo empieza a ceder y en qué momento se muere definitivamente.
     En la literatura hay por lo menos dos obras, además de ésta que nos ocupa, que describen de manera extraordinaria cómo se pueden combinar el erotismo, la sensualidad y la sensibilidad en un anciano. Una, Las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, que relata la historia de una “casa de citas” muy peculiar, en donde hombres de muy avanzada edad, cuando sienten que les falta poco para morirse, van allí y pagan elevados precios por pasar lo que puede ser su última noche, a lado de doncellas hermosísimas que apenas rebasan la adolescencia. Las mujeres están todo el tiempo adormecidas por el efecto de una droga que les hacen tomar (de allí el título), nunca se enteran de lo que sucede. La condición para los hombres es que no pueden acariciarlas, sólo tienen derecho a dormir a su lado y sentir el calor de aquello que podría ser el sueño más preciado de muchos hombres. Como dice el propio Miller, en alguna de las Cartas a Brenda Venus, “los japoneses están obsesionados con el sexo y la muerte”. La plenitud de la vida y la muerte no son conceptos que los occidentales estemos acostumbrados a relacionar.
     Otra obra de la literatura que destaca el tema del erotismo, visto por un anciano, y digna de mención, es Erotismo al rojo blanco de Elías Nandino; en ella, un hombre mira y juzga, se ríe del erotismo, se burla de sí mismo; se muestra consciente de su “pobre condición ante las grandes pasiones”, pero no duda en expresarlo y en aclarar también que si le faltan fuerza y armas para enfrentarse cuerpo a cuerpo con el cuerpo deseado, ganas le sobran. Este libro de Nandino se compone de poemas y sencillas anotaciones que -según afirma él mismo- fue escribiendo a manera de confesiones, sin la intención de publicarlas. Describe de diferentes maneras cómo un viejo puede verse obligado a convivir no sólo con los recuerdos que marcaron su vida, sino además con una serie de “fantasmas eróticos” que lo acosan y lo martirizan en los momentos más insospechados…

Y es que hay besos/ tan buenos, de veras/ que nos dejan la boca/ con dolor de caderas.

     Sin embargo, tanto la picardía y el cinismo de Nandino como la magia y el encanto de Kawabata, no logran expresar lo que cabalmente podríamos llamar erotismo sin temor a equivocarnos o a tener que explicar detalladamente por qué lo llamamos de esa manera. En cambio, Miller conserva en sus escritos a Brenda Venus la frescura y el desenfado que caracterizan la mayor parte de su obra; no duda en aclarar sus intenciones, sus fantasías y sus deseos de un modo directo. No se ríe como Nandino de las cosas que no puede alcanzar; suspira, solicita, reclama. Llama a las cosas por su nombre. En el fondo, como los ancianos místicos de Kawabata, está dispuesto a pagar un alto precio a cambio de un poco de calor. Pero no del calor “humano” que a veces pretendemos mostrar a los ancianos, no del calor de la compasión, no del calor del “respeto.” Miller pide juego, no sin antes mostrar su situación y sus condiciones: “estoy en una edad en que más que dar se recibe, y las más de las veces de una manera dolorosa”. Más adelante, en la misma carta -la primera- aclara: “[...] desde luego que me gustaría conocerte, ¿podrías venir a mi casa?” Antes de una semana le aclara: “[...] estoy consciente de que soy una leyenda viviente”. Maneja sin complicarse sus virtudes y sus defectos, y expresa libremente sus ideas; “[...] leí las dos cartas que me mandaste, me pusieron caliente [...]” El calor que Henry Miller buscaba en Brenda Venus era el calor que tantas veces le hizo creer en el amor y en la vida y en “la superioridad absoluta de las mujeres sobre los hombres”; y, lo mejor de todo, lo consiguió.
     De los ochenta y cuatro a los ochenta y nueve años de edad, Miller escribió más de mil quinientas cartas a Brenda Venus, y junto con ello conquistó uno de los grandes sueños que seguramente tendrán más hombres de los que suponemos: que los ojos y los oídos de una mujer bella estén atentos a nuestras fantasías, y que esa mujer, de cuerpo entero, nos procure el calor necesario para morir tranquilos y no ir tan fríos a la tumba o al otro mundo.
Foto Luis Mario2

Luis Mario Vivanco

Nació en la Ciudad de México, en 1967. Estudió Ciencia de la Comunicación en la UAM-Xochimilco, y Lengua y Literatura Hispánica en la UNAM. Es también diplomado por la Escuela de Escritores de la Sogem. Ha escrito y publicado en diarios y revistas especializadas, poesía, ensayo y cuento. Asimismo, ha realizado lectura de sus textos en cafeterías, bares, casa de cultura, cárceles, jardines públicos y universidades. En 1997 su poema "A Reagan" obtuvo una mención de honor en Austria, y en ese mismo año publicó Poemas de larga distancia, en la serie Moño Rojo de Cuévano. En el 2000 publicó Amuletos y conjuros, y en el 2001 obtuvo el Premio de Poesía Luis Astey, con el poemario Poemas para ciegos de la ciudad más grande del mundo. Desde hace veinte años se dedica al quehacer teatral, primero en la Dirección de Teatro de la UNAM, como coordinador del Carro de Comedias y director del Festival Nacional de Teatro Universitario. Actualmente, es jefe de Producción Teatral de la Coordinación Nacional de Teatro del INBA.

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>
>>>>>>encUentrA mÁS<<<<<<
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<
Ficciones

Vacío

Por: Javier Zúñiga
Una llamada de una revista porno promete más de lo que un escritor hubiera imaginado.

Ocho columnas

OCHO COLUMNAS La información no se detiene y los tiempos del periodismo impactan hasta la vida de un reportero con envidias y aspiraciones profesionales. Por: EDUARDO PÉREZ ESPINOSA El sedán...

Él es Anselmo y ella se llama Victoria

Por: Yael Weiss
Dos seres irreductibles han decidido vivir juntos, a pesar de la sospecha de que los vidrios rotos en el suelo son dejados de forma premeditada.
Poesía

Enunciado

Por: Izcoalt Noriega
El poeta que busca la expresión se enfrenta a la inevitable repetición de las ideas. ¿Se conquista un territorio o se habita un eco?

Horas

Por: Alejandro Velázquez Betancourt.
A pesar de la soledad y el hastío, un humor fino y un tanto cínico asoma en este recuento de naufragios de un poeta citadino.

Plumas

Por: Iván Vergara.
Voz de "cascada que sostienen al silencio", que guía por sus búsquedas, sus palos de ciego, en ese breve instante eterno.

Oda a la sopa maruchan

Por:Diego Medina
Recorrido por la furia en una era de moneditas de cambio al fondo de la bolsa y sustitutos empaquetados de comida que se pueden calentar en un microondas.
Ensayos

Nostalgia por una “mosca” en mi pared

Por:Israel Rojas
La amistad tiene múltiples formas de presentarse, a veces viene en forma de revista. Recuento de la experiencia lectora de la icónica revista "La Mosca".
Lo gráfico

Cuaderno de noches inversas

Por: Katnira Bello.
En la oscuridad prolongada del Ártico, el tiempo de obturación sugiere una realidad paralela a la que se puede apreciar a simple vista.

Estructuras gravitacionales

Por: Gabriel Rodríguez
La imagen por sí sola dicta, manda, estructura. El lente la retiene y transforma, vincula la vista del fotógrafo con la del espectador.
De actualidad
Ediciones anteriores
Año 0, número 1, agosto-septiembre 2017
Nuestra convocatoria
Publicidad

Daremos por sentado tanto usted como los editores de esta casa de ficciones y no ficciones que si continúa navegando acepta nuestra legal política de cookies.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies